Mostrando entradas con la etiqueta PERU. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERU. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de junio de 2010

TIEMPOS DE CAMBIO

Hay tiempo para estar callado, para meditar. Tiempo donde hablar parece no tener sentido, donde reflexionar es lo más importante. Y es en ésta etapa, en la que he estado viviendo últimamente. Donde han sucedido muchas cosas, unas buenas, otras no tan buenas; y es que la vida sabemos, discurre entre llanto y alegría, entre cosas buenas que pasan y otras que prefiriéramos no hubieran sucedido.


Sucesos que se presentan, como diciendo, esto también es la vida. Ese dolor, que no comprendemos, que no aceptamos muchas veces, pero que las personas que saben de él, dicen que significa mucho, que es importante, que cambia a las personas, que las hace más fuertes, más grandes, más maduras, más humanas. El que ha pasado por una experiencia de dolor, sabe todo lo que implica, los cambios, de expectativas, de actitudes, de acciones. El dolor, es una fuerza motora, que puede destruir, como puede construir. Y son los grandes maestros de la espiritualidad, quienes dicen, que más construye, que más nos acerca a Dios.


En la vida, en algún momento todos pasamos por estos momentos. Hay el dolor físico, y hay el dolor moral, ante la pérdida de un ser querido. Quiero reiniciar ésta observación, señalando que éstos últimos años han sido muy difíciles, para mi familia.

Cuando aún teníamos el recuerdo, de la enfermedad de Patricia, de su lucha por salir adelante, del tratamiento y felizmente de su recuperación; apareció relampagueante, la noticia de un accidente, de la hija de Liliana, mi prima. Andrea Miranda Guerinoni, murió fuera de su patria, en el lejano Egipto, donde poco pudieron hacer, sus padres, desde lima.

Es difícil comprender una muerte, más aún si es una persona joven, dedicada al arte, e iniciando una vida. Es difícil aceptar ello. Sus padres, tiene una prueba muy grande, que nadie quisiera pasar. Esas vallas tan altas, que sólo los más capaces las superan.

El tiempo hará su trabajo y ayudará a menguar el dolor. Por mi parte, quiero expresar mi solidaridad, y aunque no me atreví a asistir a las ceremonias fúnebres en Lima, tal vez por un temor natural a estos eventos, que están aún tan cercanos en mi mente, quiero decirles, que estoy con ellos y que tengo congoja y mucha admiración hacia ellos, y quiero decirles, que ahora les toca sublimar el dolor que les queda en el alma.

Liliana, Víctor, Pablo; desde aquí, mi cariño. Quiero contribuir con mi pluma, para que Andrea permanezca en el alma de todos. Es allí donde permanecen los grandes espíritus, allí donde nadie pude arrancarlos de nosotros. Mis oraciones por ustedes, porque nunca desistan, por que luchen con fe, y para que encuentren la paz y renazca en ustedes la alegría de Andrea, como nace el sol luego de un atardecer.

martes, 1 de junio de 2010

LA ESPERANZA ES LO ULTIMO QUE HA DE PERDERSE

En éstos últimos años hemos pasado muchas alegrías, así como muchas preocupaciones y tristezas. Muchas de ellas relacionadas con el aspecto material o monetario, que felizmente se han ido arreglando con nuestro esfuerzo. Desde entonces pudimos hacernos de algunas cosas, y por cierto, también de algunas obligaciones.

La vida gay, por cierto no es fácil, más aún cuando uno tiene poco tiempo recorriendo éstos campos. Más de una vez hemos enfrentado dificultades, que casi nos echaron a perder todo. Sería difícil sin embargo, enfrentar una nueva vida, cada uno por su lado. Por ello ha sido necesario que hagamos sacrificios importantes en nuestras maneras de vivir. Hoy más bien, quiero renovarle mi compromiso de amor y afecto, procurándole, hacerle todo el bien posible, porque me he dado cuenta de su real valía y que quiero vivir por él.

Luego de pasar por momentos difíciles, la vida parece darnos siempre una oportunidad. Las visitas de amigos, siempre las disfrutamos, con quienes pasamos ratos escuchando música o entablando entretenidas conversaciones, amenizadas con algún piqueo, refresco o licor. Por ejemplo, el vodka con jugo de naranja, que Jorge, lo prepara deliciosamente. La vida está hecha de momentos y hay que buscar un motivo para pasarla bien. Y cada fin de semana deben ser un claro ejemplo de ello.

Meditar sobre los hechos sucedidos y sobre las acciones que habremos de tomar para cambiar una situación que nos preocupa, hace mucho bien y es muy necesario. Es muy importante saber escuchar, y luego, actuar prudentemente; cuando alguien te aconseja. La prudencia es un gran don en la vida. A veces, o muchas veces, he desoído esa voz interior, que nos dice cómo actuar. Y muchas veces, por supuesto, he tropezado con la misma piedra.

Para mí, ha sido muy importante, cambiar aspectos de mi vida, en momentos decisivos. Lógicamente, cuando tratamos de cambiar un hábito inadecuado, se hace difícil, más bien casi imposible y parece que nos encontramos en un círculo vicioso imposible de evadir. Sin embargo la decisión tomada y la constancia han hecho posible, que esto cambie. También el hecho de no querer sufrir el daño, que conllevaría seguir en determinado, mal hábito, que apareció en mi vida, y que jugó en mi contra. Esos vicios, que se adquieren en cualquier momento de nuestras vidas, y que parecen adueñarse de nuestras vidas, de nuestra voluntad.

Por ejemplo, aquel inofensivo cigarro que fumé a escondidas en casa, y que poco a poco fue acaparando mi atención hasta llegar a consumir casi dos cajetillas diarias.
Cuando uno se da cuenta que está llegando a enviciarse en algo, hasta casi perder la noción de lo que realizas, es cuando tiene dos opciones: o paras completamente, o te entregas al vicio desenfrenadamente, soportando las consecuencias que ello implica.

La crisis de los años 1986 a 1987, me ayudó a dejar el vicio del cigarro, porque el dinero que gastaba en pagar por dos cajetillas diarias, me era necesario para otras cosas imprescindibles. De igual manera, me empecé a dar cuenta que algo andaba mal, cuando despertaba a media noche, con ganas de encender un cigarrillo. Es así que conversé con algunos amigos del vicio, y decidimos dejar de fumar. A pesar de que me costó un gran esfuerzo al principio, lo dejé por completo en el mismo día que tomamos la decisión. Esto, es algo que me sirve como punto de apoyo, cuando quiero dejar algún otro problema que me afecte, y pienso, que todos somos capaces, con esfuerzo y dedicación, de hacernos mejores a nosotros mismos.

Cuando todo parece irnos mejor en la vida, siempre hay algo que te vuelve a la realidad, para señalarte que el dolor, siempre está ligado a la vida. Justo cuando me sentía bien, la vida me reclamaría mis rezos. Hasta hoy, creía que me podía ir bien en la vida, sin elevar mis rezos y oraciones. Sin importarme, o preocuparme, si alguien estaba sin comida, sin trabajo o sin salud. Ahora me doy cuenta, cuán injusto es no pedir por otros, teniendo a las personas en el olvido, sin reclamar por ellas justicia o ayuda.

Quiero creer, que si me comunico más frecuentemente con el Hacedor, me ayudará. Hoy intentaré nuevamente, llevar mis oraciones al Señor. Hoy nuevamente, le pediré por un familiar, como lo hice ayer. Desfilan ante mi mente, todos aquellos familiares que fallecieron presas del cáncer; el abuelo Juan Luis, mi padre Rafael, mi tía Marcela, mi tío Lucho, mis primos Clarita, Mary, Gastón, Cecilia, y mi sobrina Paulet. Han sido tantos los casos de éstas enfermedades, a mí alrededor, que un poco han hecho, que nada me asombre.

Felizmente, la enfermedad de mi hermana Patricia, adquirida en el 2006, fue bien tratada por los médicos, y Dios logró que se restablezca; a pesar del sufrimiento por el tratamiento realizado. En ésta ocasión las oraciones de muchas personas alcanzaron los oídos de Dios para su curación. Esta enfermedad, me ha enseñado, que nadie es digno de ella y que sólo el destino decide quién la tiene. Aunque las causas exactas, no se conocen, hay múltiples factores que contribuyen a adquirirla, como la alimentación y el stress, que son condicionantes para que se presente la patología.

Gracias Dios mío porque escuchaste éstas palabras que te solicité en aquellos días de inicio de su enfermedad: “Quiero creer que todo le irá bien, que el universo moverá sus átomos para que ella mejore y que sobretodo, se aliviará. Sé que así será y estaré presto a contarlo, cuando así sea. Por ahora, empezaré a rezar y le pediré a todo aquel que lea éste blog, o con quien hable, que la tenga presente en sus oraciones, por ser muy buena hermana, y una muy buena amiga”

Hoy fuimos muy felices, cuando el doctor al revisarla, luego del tratamiento de radioterapia, quimoterapia y braquiterapia; dijo que era muy probable de que se recupere y de que lograría, salir adelante; y que lo que le queda, de la enfermedad, son sólo residuos que se eliminaran con éste segundo tratamiento. Nada más justo para una hermana tan buena y querida.

Hoy el cielo se acercó un poco a nosotros para darnos su luz y calor. Hoy las aves volvieron a cantar en el jardín del edén. Hoy el agua regó los campos sedientos de trigo, y nos dijo que la cosecha vendría.

Así, hoy en día, vemos otra vez la luz al final del tunel, comprendiendo, que todo esfuerzo tiene un resultado. Hoy Patricia dormirá entre nubes de algodón donde reposará su cabeza para soñar con el Creador. Hoy alimentará su sueño de ver a su nieta Mia Fernanda, grande; y luego, algún día, la acompañará, camino al altar.

Hoy le doy gracias a Dios porque después de la tempestad viene la calma; y porque la esperanza es lo último que ha de perderse.

Saber ahora que ella está bien, junto a su familia, recuperada de su enfermedad me da mucha alegría y gozo. También lo será para todos aquellos que se preocuparon por ella. No quiero que la tristeza inunde de lágrimas los ojos de quien lea esto, quiero más bien que la esperanza pueble sus corazones, y que ayuden con sus rezos a otros.

Por ahora sólo quiero decirle a Patricia, cuando lea éstas líneas, que todos la queremos muchos y que nos hace mucha falta aún. Y que es un ser humano, que llena de alegría el espacio donde habita, con sus bromas y risas, con sus ocurrencias y palabras medidas. Por todo ello hermana querida, mi corazón está contigo, en la salud y en la enfermedad; hasta siempre.


martes, 13 de abril de 2010

JORGE LUIS RIOS GIL

Nos conocimos una tarde de la primera semana de abril del 2003. Nunca pensamos que compartiríamos tanto tiempo juntos, ni que la presencia para cada uno cambiaría tanto nuestras vidas. Pensamos tal vez entonces, que nuestro encuentro solo sería una más de esos tantos, al que todo ser está acostumbrado antes de conocer su pareja ideal. A decir verdad, somos fruto de un encuentro por chat, de aquel mirc del que ya nadie casi hace uso. Nos citamos esa misma tarde y le esperé llegar a casa con ciertas dudas. Poco tiempo antes habíamos hablado por teléfono. Al verle llegar me cayó bien. Era delgado, tenía mirada profunda, inteligente. Su juventud, sus cabellos negros y cejas pobladas llamaban mi atención; también su mirada triste.



En poco tiempo, nos convertimos en buenos amigos, y no mucho después estábamos envueltos en una relación amorosa. Me dijo que yo le encantaba, que era la imagen que había tenido siempre en su mente y que quería seguir conmigo. Si por ambos fuera, se habría quedado en casa desde un inicio, pero la señora Mery, quien me arrendaba una habitación, tenía sus prejuicios.



Sin embargo, nos encontrábamos siempre, y pasábamos la mayor parte del tiempo. Jorge, vivía en esos días con unas amigas con quienes había venido del Cuzco; él había dejado su hogar, un tiempo antes, y estaba decidido a superar sus dificultades.



Sin embargo tenía muchos problemas, e hizo muchos sacrificios por que estemos juntos. Realizó grandes caminatas para llegar a casa. Tampoco teníamos dinero para nada, casi ni para comer.



Sus sacrificios, me sirvieron, para darme cuenta de su gran amor y de su gran valía. Tenía una fuerza moral pocas veces vista. A pesar de que dejó su natal Iquitos, en medio de grandes tristezas, en su corazón había comprensión y amor por su familia. Y a pesar de todo lo que sufrió, conservó una alegría natural, que le hace ganarse siempre el aprecio de sus amigos.



Entre sus tristezas, se encontraban el no haber podido concluir sus estudios. Cosa que trató siempre de cambiar con su espíritu luchador. Hoy, está estudiando diseño de moda industrial, en un prestigioso instituto, donde destaca por sus cualidades. Si quisiera hablar de él, sin ánimo de adularle, diría muchas cosas que hablan sólo bien de él.



Si él se enamoró a primera vista, para mí fue un proceso más lento. Poco a poco, me fui dando cuenta de su gran valía y observé, que hay un mundo de grandes posibilidades en su futuro, que está aún por descubrir y materializar.



En el tiempo que estamos juntos, vivimos uno para el otro. Fue difícil para mí, sin embargo, presentarlo en mi entorno. Por más de dos años, nuestra telación, estuvo casi, en el más absoluto secreto. Siempre tuve prejuicios acerca del juicio de los demás, que fue desapareciendo, al ver la comprensión de las personas que nos conocían.



El julio del 2004, decidí mudarme a vivir con él en casa de una familia en San Borja, donde nos recibieron con respeto y comprensión. Allí alquilamos un piso de la casa. A raíz de mudarme decidí contarle a mi hermana Patricia lo nuestro. Le escribí una carta y ella me respondió con otra brindándome toda su comprensión. Incluso me reprochó por no haberle contado antes, diciéndome, que de haberlo sabido, ella me hubiera comprendido y ayudado, tal como realmente lo hizo. Fueron tan lindas sus palabras, y fue tal su comprensión, que me facilitó para ir abriendo mi corazón a otros. Además ella se encargó de contarles a sus hijas, a Oscar, su esposo, y a otros en la familia.



Jorge se ganó rápidamente, el aprecio de mi familia. Incluso trabajó con mi sobrina Úrsula en su elenco de show infantiles. También trabajó, un corto período, con Bárbara. Pasó el tiempo; y poco a poco, arreglamos nuestro hábitat y fue transformándose, en un hogar pleno. Recibimos allí a nuestras familias en diversas ocasiones. Para Jorge no fue difícil contarle a sus padres y hermanos, lo nuestro.



Así transcurrieron nuestros días, entre las alegrías y dificultades propias de toda pareja. Aprendimos a convivir y a conocernos cada uno. La verdad que el adaptarse a otra persona toma su tiempo. Cada uno ve lo mejor desde su propio punto de vista. Cada uno cree que el accionar suyo, es el debido.



En la vida todos tenemos defectos, que se acentúan, cuando alguien te los señala, pero ello, sirve muchas veces para superarlo. Puedo decir ahora, que estuve sumergido, por corto tiempo, en el vicio del casino, y que Jorge, se encargó de hacerme dar cuenta del daño que me hacía a mí mismo y a nuestra relación. Sólo a él, las gracias, por su objetividad y valentía en enfrentar los problemas agudos, y en haberme ayudado a superar éste problema, que recién hoy, puedo decir con certeza, que he vencido.



Y así, hemos pasado muchas alegrías; también, muchas preocupaciones y tristezas, que felizmente se han ido arreglando con nuestro esfuerzo. Desde entonces pude hacerme de algunas cosas, y por cierto, también de algunas obligaciones, que poco a poco también voy cubriendo. Vivo ahora, cómodamente en San Isidro, en un piso 17, donde la pasamos bien, con muchos amigos que nos visitan, y que contribuyen, a que nuestra felicidad sea mayor. La vida gay, por cierto no es fácil, más bien, la vida común no es fácil. Y a pesar, de que hemos enfrentado dificultades, que alguna vez, casi nos echó a perder todo, seguimos adelante, y sería difícil, para nosotros, enfrentar una vida de otra manera.



Mucho bien hace meditar sobre los hechos sucedidos y sobre las acciones que habremos de tomar para cambiar una situación que nos preocupa. Algo que es muy importante cuando alguien te aconseja, es saber escuchar y luego, actuar prudentemente. La prudencia es un gran don en la vida. A veces, o más bien, muchas veces, he desoído esa voz interior, que me decía, cómo actuar. Y muchas veces, por supuesto, tropecé con la misma piedra. Hay aspectos de mi vida que aún puedo cambiar y otros que pude cambiar. Malos hábitos, adquiridos, a veces, desde la niñez o adolescencia, por ejemplo, el cigarro. Aquel inofensivo cigarro que fumé, algunas veces, a escondidas en casa, y que poco a poco, sin embargo, fue aceptado por mi entorno, sin darme cuenta que podía llegar a consumirme a mi mismo, con las casi dos cajetillas que fumaba a diario. Cuando uno se da cuenta que está llegando a enviciarse en algo, casi hasta perder la noción de lo que realiza, es cuando tiene dos opciones: o paras completamente, o te entregas al vicio desenfrenadamente, soportando las consecuencias que ello implica.



Era 1986 o 1987, y por la situación económica encontré un motivo que me ayudará a dejar el vicio. Como no me alcanzaba para pagar por dos cajetillas diarias, o más bien éste dinero me podría ser útil en otras cosas, conversé con algunos amigos, y con Carlos de Trazegnies en particular, para decidirnos a dejar de fumar; por mi parte a pesar de que me costó algún esfuerzo al principio, lo dejé por completo en cuestión de días. Y así, desde el mismo día que tomamos la decisión de no fumar, no volví a fumar un cigarrillo hasta el día de hoy. Ello, es algo de lo que puedo enorgullecerme . Es algo que me sirve de base cuando quiero dejar cualquier otro mal hábito; y que es una fuerza moral, ante cualquier otro problema o adversidad.



Debo reconocer que para lograrlo; fue necesario un estímulo y una decisión. La decisión la mantengo hasta hoy, fruto de la meditación y prudencia. Y lo único que puedo decir, es que todos somos capaces de curar nuestras heridas, rectificar nuestro errores, dejar atrás nuestros temores y mejorar nuestras vidas. Todos somos capaces con esfuerzo y dedicación de hacernos mejores a nosotros mismos.

miércoles, 6 de enero de 2010

DÍAS FELICES

Como contaba, vivía en el año 2003, en la casa de Mery, una señora arequipeña, donde mi familia había alquilado un espacio para mí. No tenía aún, trabajo estable y dependía económicamente de Patricia mi hermana, en cuya casa, que estaba muy cerca de la de Mery comía cada día. Eran días difíciles.



La casa donde vivía, se encontraba en la urbanización Higuereta del distrito de Surco. Mi habitación, era totalmente independiente y amplia; donde tenía todas las comodidades. Sin embargo, me sentía, como un exiliado, que recibía todo y que andaba a la espera de que la situación cambie. Poseía Internet en casa e incluso teléfono propio. Resultaba para mí toda una aventura el vivir solo y tenía que aprovecharla, lo cual resultó muy divertido. Tal vez fue algo que siempre quise. Tal vez fue mi gran oportunidad de despertar.






Ahora todos mis sueños, comenzaron a cobrar vida. Era una oportunidad y un reto a la vez. Había que manejarlo con prudencia porque todo tiene sus riesgos. Me empeñé en buscar pareja y para ello conocí personas; aunque ya lo había venido haciendo, desde un par de años antes, ahora contaba con más libertad y decisión. Ahora era diferente. Estaba solo...

Sabía muy poco del mundo gay en Lima. Tampoco era algo que me interesaba mucho. Sólo quería conocer personas con mi misma orientación, y así lo hice. Tuve varios encuentros. Muchos de ellos casi a ciegas, luego de una conversación corta. A algunos les rechacé, a otros les ofrecí mi amistad.


En mis poemas hablo de algunos de ellos; mis versos hablaban de amor; contaba aventuras de amor heterosexual, pensando sin embargo, en una pareja homosexual. Esta etapa, me fue muy útil para producir, para soñar. Hubo mucho de idealismo, y mucho de gozo real. Estar tanto tiempo escondiendo lo querido, hasta que llega a tus brazos y puedes disfrutarlo.


Sin embargo, aún tenía muchos traumas y prejuicios. A mí me atraían las personas con rasgos femeninos y de mirada seductora, por lo tanto, no era fácil para mi llevarlos a mi entorno; tampoco me era fácil, caminar junto a ellos, porque sentía tener clavada la mirada inquisidora de las personas. Por estos traumas perdí más de un buen amigo. De esta forma, no podía tener una relación abierta que durara mucho tiempo. Todo por mi indecisión y por no aceptarme. La sociedad teje una historia alrededor de uno haciéndole creer que uno no podrá avanzar. Nada más falso, porque justamente cuando te abres al mundo, te das cuenta que hay más personas tolerantes de las que no lo son.

Y así pasaron mis días entre citas, salidas; encuentros y despedidas; con las cuales fui descubriendo un universo muy diferente. Corrí mil y un riesgos, lo reconozco, pero fue útil para lograr lo que ahora soy.


Pido disculpas a aquellos que ofendí por mi inmadurez, a aquellos que vieron en mi alguien que podría ser su pareja y que les defraudé. En especial a André Peña, que estuvo al lado mío cuando murió mi hermano y luego se alejó de mi cuando me mudé. Su madurez, le hizo alejarse de mi, dejándome, de un día para otro, sin quererme buscar más. Recuerdo que antes que suceda esto, le seguí hasta la ciudad de Tarma, una provincia distante de Lima. Le dediqué más de un poema que hablaban de mis sentimientos de esos días.




Su alejamiento, me sirvió para que madure, para aprender. Como práctica, me dejé llevar un poco de las personas, ésto, para ir conociéndolas, y no intenté forzar nada; sino ser espectador activo del amor. Y esperé prudentemente hasta que el verdadero amor aparezca...




De alguna manera fui alejándome de muchas de las amistades con las que solía compartir mi vida. El mudarse de barrio le obliga a uno, a cambiar sus rutinas. En mí caso más aún. Extrañaba los desayunos de cada mañana con Hilde Becker en el Tip Top miraflorino, donde actualmente está ubicado el renombrado restaurante Panchita de Gastón Acurio; esos desayunos, en los que muchas veces era presa de sus críticas. Hilde, es una de esas personas mayores, que tienen un juicio muy crítico hacia las personas, algunas veces exagerado, pero algunas veces cierto. En más de una ocasión, llegó a herir mis sentimientos, y en más de una ocasión le perdoné. Ella era del entorno de la Iglesia San José, parroquia católica de habla alemana; con ella y con el padre Wofgang, rezábamos el laúdes cada mañana.



Cómo no recordar esos desayunos, luego del rezo del laúdes, donde cada persona que ingresaba al restaurante era presa de nuestra inquisidora observación; ya conocíamos a muchos de los que frecuentaban este sitio y a cada uno le poníamos un apelativo o denominación. Era muy gracioso, a veces ellos aparecían justo cuando hablábamos de ellos, como por arte de magia.


Lamentablemente, todo esto se acabó, primero porque me mudé del barrio de miraflores, y luego porque el padre Wolfang volvió a su Alemania natal. Esos días de conversaciones inacabables se fueron y poco a poco, nuestra amistad se hizo lejana.


Por éstos tiempos empecé a trabajar con mi sobrina Giuliana. Ella había montado un negocio de decoración para fiestas infantiles. Ayudé en cuanto se podía en cada evento y recibía por ello un simbólico ingreso diario. Me entretenía en el trabajo y lo más gratificante era ver la alegría de las personas que celebraban los cumpleaños. Muchas mañanas frías o soleadas, realizamos éste trabajo. Recuerdo, sin embargo, un día que tuve un accidente cuando caí de una escalera de tijera, rompiéndome tres costillas. !Qué dolor! Nunca pensé que demorase tanto volver a la normalidad.


Seguí trabajando con Giuliana, durante casi dos años. En este tiempo también trabajé con un compañero de colegio, Ernesto Fuentes Cole, a quien ayudé en alguno de sus negocios. También recibí por ello un pequeño ingreso. Un día, Ernesto, como parte de éste apoyo quiso hacerme un obsequio. Me regaló una bicicleta de carrera. Yo le había dicho, antes que me gustaría tenerla. Me dediqué a ella con mucho entusiasmo. Salí a recorrer las calles de la ciudad. Me uní a un grupo de ciclismo de la avenida arequipa en Miraflores. Con ellos fuimos a diversos sitios.




Hice dos viajes largos. Uno a Punta Negra, una playa limeña, a casi 35 o 40 kilómetros de Lima. El trayecto fue duro y me recibió mi hermana con Oscar. Viaje allí con Francisco Sol Sol, a quien conocí poco tiempo antes. Nos invitaron almuerzo y nos trataron como reyes, dignos merecedores por tamaña aventura. Al regreso, tuve un ligero accidente, felizmente menor. Un trailer grande se pegó mucho a mi, en la carretera, e hizo que perdiera el equilibrio y derrape en la pista lateral. Fruto de ello tuve algunas raspaduras. Lo más gracioso, que cuando levanté la vista, había una ambulancia cerca mío, como esperando mi llegada. Me atendieron, limpiaron y curaron, y luego, con algunos parches, volví a Lima por mí mismo.




Esto no fue obstáculo para seguir con la práctica del ciclismo y no quise que el temor se haga presa de mí. Al poco tiempo hice un viaje más largo aún. Fui ida y vuelta a Ancón, balneario limeño al norte de Lima. Esto sí fue difícil, porque la salida de Ancón tiene una pendiente de casi 20 kilómetros. Sin embargo, con mucho esfuerzo y luego de casi 8 horas de ida y vuelta de pedalear incansablemente retorné sano y salvo. Así fueron pasaron mis días en armonía física y espiritual. Vivía aún sólo y estaba pronto a conocer la persona con quien comparto mi vida hasta hoy.


El Internet es una ventana al mundo que lleva a diferentes partes todo lo que queremos. Yo mismo quedé sorprendido, cuando comprobé que más de 33,000 personas ingresaron en el 2009 a mi blog. En mi caso, desnudé mi vida, y mostré mucho de lo que soy. Por otro lado, muchas personas muestran su vida desde su ordenador. Hay muchas adolescentes tratando de ganar fama, desnudando su intimidad. La verdad, que muchos tenemos el espíritu voyeurista, y muchos otros el exhibicionista, que son complementarios e inseparables. Es impresionante saber a cuántos les gusta ver o ser vistos. Unos dirán, es una enfermedad, otros que es luz para sus ojos. Creo que todo en su justo medio, y en la debida ocasión. Generalmente son actos que hacemos solos y que es parte de nuestra experiencia. No hay que escandalizarse por ello. Antes, era la moda ver imágenes en fotos, hoy el vídeo y las cámaras digitales aceleraron el proceso. Pasé ya por ésta etapa y descubrí que no es justo darle motivos de celo o desconfianza al ser que uno ama.

lunes, 4 de enero de 2010

ENFRENTANDO DIFICULTADES

Cuando tenemos a un familiar enfermo, sea en casa, en una clínica u hospital, debemos realizar todo el esfuerzo que esté a nuestro alcance, para que esté bien atendido. Debemos comprender, el valor del sufrimiento, como un medio de perfeccionamiento. Debemos aceptar y aprender del dolor, porque la vida, está rodeada de él. Superar y dar solución a los problemas con amor y entrega, nos dará paz, por el sacrificio hecho, por el deber cumplido.

Sé sin embargo, que esto no es fácil. Muchas veces por los pocos medios con los que contamos los que debemos enfrentar éste problema, en términos materiales, espirituales o de apoyo. Por otro lado, el que tiene a cargo un enfermo, se aísla cada vez más, en parte por sus propias obligaciones y otras veces porque aquellos que también están obligados a cumplir este rol, se alejan y le dejan todo el peso de la responsabilidad a él.

Hay que tener fortaleza para enfrentar situaciones difíciles, y estar preparado para sobrellevarlas. A estas alturas de mi vida, sé bien lo que una pérdida representa. Primero el saber que no verás más a determinada persona y por otro lado la ausencia de su apoyo moral o material, y sobretodo, el saber que ésta persona, que ya no está, no ejercerá más para ti, una crítica o un halago.

Recientemente han fallecido dos personas de mi más cercano entorno. Mi prima Cecilia, hija del primer matrimonio de Cachito, quien vivía en el primer piso de nuestra casa. Ella falleció de cáncer, en Agosto del 2000. Y, apenas un año después, el 11 de Noviembre del 2001, Rafael mi hermano, como consecuencia de una enfermedad, que se lo llevó mientras dormía.

Así, nos quedamos solos, mi madre y yo, en casa con el triste recuerdo de su partida. Para mí fue muy penoso ver de cerca el sufrimiento de mi madre, que inválida, en cama, solicitó le lleven ante sus ojos el cadáver de su hijo, para despedirlo.

Un sabor amargo, dejó en nuestra familia la ausencia de Rafael. El descuido, fue lo fundamental para que muriera, primero de su parte, quien no siguió los consejos de los médicos, y por otra parte, la de su entorno cercano, quienes no nos preocupamos por él, habiendo notado que algo andaba mal. Todos pensamos, que su situación no eran tan delicada y cada uno seguimos en nuestras preocupaciones.

Su ausencia cambió radicalmente nuestras vidas. Rafael era una persona muy dedicada a su casa, y siempre estaba preocupándose por nosotros. Sus críticas, aunque a veces no me agradaban mucho, me daban luces para resolver mis problemas. El llevó una vida muy polémica. Era de grandes amores y también de grandes rencores. A veces, como que estaba ausente, y luego era un vendaval, del cual había que protegerse. Era desconfiado pero en esencia tenía buen corazón. Sufrí mucho con sus críticas y con su permanente observación de mis actos. Su celo era exagerado, tal vez producto de su enfermedad.

Era una persona solitaria, que no le gustaba escuchar consejos de nadie. Y nunca aceptó su separación de su esposa, Victoria Hernández. Tenía sus principios muy firmes, y de allí no se movía. Fue en ocasiones, muy terco y literalmente, se abandonó. No hizo caso a las advertencias y señales, que de una y otra parte le llegaron, tanto de médicos, familiares y amigos. El pensó que su tiempo se había cumplido y lo dejó llegar.

A pesar que muchas veces me hizo la vida difícil, y que desee muchas veces que me deje en paz; nunca quise en mi sano juicio, que le suceda algo así. Muchos sueños vi desmoronarse en su persona, y me daba mucha pena su fragilidad y desconfianza, que mostró hasta sus últimos días.

En casa se sucedieron algunos cambios, y antes de que se cumpla un año desde su partida dejamos la casa, donde vivíamos desde 1973. Mi madre, se fue a vivir con mi hermana Marcia, y yo empecé a vivir solo, en una habitación, que alquiló mi hermana Patricia, en casa de la Sra. Mery, en el distrito de Surco.

Al poco tiempo, mi hermano Eduardo, no fue ratificado en su empleo como vocal Superior de la Corte de Justicia de Lima donde trabajo muchos años. Patricia, mi hermana, se casó después de muchos años de convivencia con Oscar Cavero, quien ya se había hecho cargo, varios años antes, de sus dos hijas, Bárbara y Melissa.

Muchas penas y alegrías se sucedieron en corto tiempo, en nuestras vidas. La biznieta de mamá, Mariajosé, hija de Giuliana, envolvía con sus juegos a la familia, y fue la esperanza de quienes veían en ella a alguien muy especial, quien llenaba en estos momentos nuestras vidas, cargadas de dificultad; esparciendo su alegría al viento, y que nos impregnó con un dote de optimismo para seguir adelante. Ursula, la hija de Marcia, se casó con Gonzalo, a los 20 días de haber fallecido Rafael.

No es posible tener una visión clara de lo que uno quiere escribir, cuando lo que se escribe está tan cercano al presente, por ello algunas cosas las iré dejando, para contarlas luego con la debida perspectiva del hecho pasado. Tal vez sea un poco presumido, sin tener en cuenta que a veces la vida es implacable con los seres humanos. Nadie sabe cual será el tiempo de uno y nadie sabe que pasará más adelante. Sin embargo, el hecho de escribir una autobiografía en vida, acarrea algunos problemas, y corriendo el riesgo, de que mi historia tenga que ser contada por otro, creo que es más conveniente, para que en adelante organice mejor los hechos y tenga una mayor visión. Mientras tanto, no quiero dejar al lector, en una espera larga, y, por ello trataré de contar cosas que guarden relación con mi vida, y que valgan la pena ser comentadas.

Quiero dar mi visión de todo lo que observo, de los programas que veo, de las noticias que leo, de las personas con quienes intercambio información, culta o no, y en realidad de todo lo que sucede y pueda interesar.

Todos estamos interactuando en la vida y somos afectados por las acciones de los demás. Es bueno entonces, fijar cual es la posición de uno para que no seamos envueltos, dado que el oír y dejar pasar, a veces es peligroso; porque lo que parece indefenso e inocuo, se vuelve cotidiano, sin quererlo.

Parece ser que el tiempo lo envuelve todo. A su vez, cada uno es parte del tiempo y cada uno tiene su tiempo. Sin embargo, hay diversas maneras de ver y aceptar el tiempo. El tiempo corre o nos preocupa de diferente manera. No es igual para el niño, que casi no se da cuenta de él, como para el adulto que mide el tiempo, a cada instante, lo cual hace que pareciera pase más rápido e implacable.

Hay también la visión del tiempo que cura y el tiempo que destruye. Por ejemplo si andas apurado en la vida y quieres lograr metas definidas, muy ajustadas; puede ser que estés luchando contra el tiempo. Así muchas veces el tiempo nos enseña, y hace que le veamos sin tanto detenimiento.

Recuerdo algunos días, en que la espera se hacía ansiosa, y que la desesperación hizo presa de mi vida... pareciera en ése entonces, que el tiempo me arrollaba y pasaba por delante. Otras veces, te quedas viendo pasar, el hecho que esperabas, o el carro al que querías subirte... En la vida, todos siempre hemos querido conseguir algo importante, sea un título, una propiedad, un amor. Sin embargo la vida, nos lo niega. Ante ello tenemos dos posibilidades, replantear nuestro tiempo de alcance o desesperar. Si sucede lo segundo, es lo menos aconsejable. Es allí cuando el tiempo te arrolla preso de la desesperanza.

De una manera u otra, con el tiempo aprendes. El nos hace curar nuestras heridas, y nos hace replantear, a cada momento, el hecho sucedido, la vida. Nada más útil que el tiempo para restañar nuestras heridas. Es la mejor medicina del alma, para desarrollar la paciencia.

Cuánto aprendí del tiempo, y de darle tiempo al tiempo… Sin embargo éste aprendizaje no es fácil. Decirle a un joven que debe postergar algo, es una ofensa, decirle que tendrá que esperar, es decirle casi, que sus objetivos no se cumplirán. Para una persona joven, el tiempo es inmediato, es ahora. Todo lo quieren allí, cuando lo plantean, esperando la solución inmediata. Pero la vida nos enseña, que no somos dueños del tiempo y que la virtud, se da cuando uno llega a comprender que hay un tiempo para todo.

Sabias son las palabras del Eclesiastés, en la Biblia, cuando dice que todo tiene su tiempo, y que hay un tiempo para reír y otro para llorar, un tiempo para sembrar y otro tiempo para recoger lo sembrado, un tiempo para nacer y otro para morir...

El comprender esto es de gran sabiduría. Observar y saber en qué tiempo se encuentra uno. Debemos sacarle provecho a nuestro tiempo, que nos toca vivir; sea si estás en una época próspera o en una de espera. Comprender el momento que se vive y el saber esperar es una llave que abre muchas puertas.

Así se hará más fácil nuestra vida. No andaremos a la carrera, queriendo llegar a como de lugar. Así, construiremos cada paso, dándonos cuenta a donde vamos y cómo llegaremos. Si encontramos un tropiezo, sabremos enmendar el paso y retomar el camino.

Nada más dañino, que luchar contra el tiempo. A pesar de que estamos envueltos en él, debemos navegar en él como un pez en el agua, sin querer llegar más allá de lo que nuestras posibilidades lo permitan.

No quiero decir tampoco, que debamos dejar que el tiempo pase y quedarnos sin actuar; porque allí quedaremos rezagados. Pero si estar concientes de que no se puede luchar contra él. Y está, más allá de nuestros designios, el conocerlo y el retarlo.

Cada uno tenemos un tiempo y dentro de él naveguemos con esperanza y pundonor, conociéndolo, sabiendo lo poderoso que es, pero también sabiendo que es nuestro medio y que allí debemos desempeñarnos, con cuidado y con tesón. Porque el tiempo se hace con uno, y uno con su esfuerzo, puede hacer también, que los tiempos sean mejores. Esto hasta un límite, que es el nuestro; porque en si, el tiempo, no tiene límite...

lunes, 28 de septiembre de 2009

NUEVA OPCION EN EL NUEVO MILENIO

Una mañana, nublada y serena, presentó Lima, en la víspera del nuevo milenio, que contrastaba con el despertar de otros países donde se habían organizado bailes, y espectáculos de luz y sonido. En la mañana del primer día del 2001, me di un gran susto al activar mi computadora y ver que no ingresaban los programas. Creí verme envuelto en el Y2K, o la falla del milenio. Felizmente fue una coincidencia pues luego, todo se arregló. He sacado la conclusión que no debo preocuparme mucho en predicciones futuras, porque hay que dejar que el futuro se resuelva a sí mismo.

Hay algo que siempre he mantenido en reserva, y creo que ahora es tiempo de contarlo a los demás, porque en el transcurso de estos años lo he aceptado plenamente, y también porque deseo ser sincero con muchas personas, a quienes considero amigos y especialmente, porque me permitirá ser libre y sincero, ante los demás.

Como más de un lector supondrá y muchos de los que me conocen también, quiero contarles que en el transcurso de mi vida he desarrollado o mejor dicho descubierto, preferencias homosexuales. Saberlo y sin poderlo contar a nadie, siempre representó para mí un fastidio o por lo menos una incomodidad. Tan sólo los doctores, a quienes me atreví a contarles ésta realidad, me hicieron comprender la importancia de aceptarme a mi mismo. Me hicieron saber, que el hecho de no haberlo aceptado antes, fue sin duda, la causa principal de mi inestabilidad emocional, pues al reprimir y reprobar, algo que yo deseaba, me hacía sentir mal conmigo mismo.

También me ayudó a comprender mi estado, el relacionarme con personas que tienen iguales sentimientos, y así, ya no estar aislado, como lo hice en el pasado. Aprendí, que no es tan difícil aceptarse así mismo, como una persona que tiene diferencias; y más bien lo difícil, es desprenderse del juicio de los demás. El beneficio que brinda, el conocerse uno mismo, es fundamental. De ello dependerá, nuestro equilibrio. Reconocerse como uno es, implica comprenderse así mismo; y no verse como un ser inferior, sino como una persona normal, con sus aciertos y limitaciones. Los gustos, preferencias y deseos son estados íntimos u opciones, muy personales. Nadie tiene derecho a juzgarnos por ellos. Nadie sabe cabalmente lo que le sucede a los demás; y menos aún, las causas y circunstancias que lo rodearon a uno, para que llegue a ser así.

Cuando uno elige estar con alguien debe llevar una vida responsable. Sin embargo, para que ello suceda, debe tener cuidado al relacionarse con los demás. Por ello, es imprescindible buscar una relación estable. El elegir entre personas que son parte de esta comunidad, no es siempre fácil. Por un lado, al principio se presenta el riesgo de ser promiscuo. Por otra parte, existen otras limitaciones, en cuanto a que cada uno lleva sus temores, unos por ser descubiertos; o por considerar, el daño que uno pueda causarle a su familia, lo cual está muy ligado a la ignorancia y discriminación de nuestra sociedad. En éste aspecto nos encontraremos con personas de opiniones divergentes. Hay quienes son tolerantes y otros quienes son intransigentes. Existe el sacerdote católico que te comprende y otro también católico que te rechaza y no te quiere nisiquiera confesar. Existe el amigo que te acepta y aquel que no te vuelve a hablar. Existe el familiar que le importas como persona y te escucha, y otro quien habla detrás de ti. Así la sociedad juzga y se protege contra lo que cree es una amenaza, sin comprender que en la historia han habido cientos de personas nobles y buenas, de ésta tendencia. Personas famosas o no, pero siempre, personas que llevaron su vida con dignidad, y que muchas veces, hicieron de su sufrimiento, un perfeccionamiento continuo. Aceptarlo, e ir contándolo a algunos amigos, me dio más libertad para relacionarme abiertamente con personas. Con ellas, compartí buenos momentos e intereses comunes.

El primer paso que tomé, fue confesar éste escrito a quien es mi amigo más cercano, en el terreno espiritual, el p. Wolfgang, quien supo darme orientación y el aliento que necesitaba. Pienso que él, intuyó desde hacía mucho tiempo mi situación, pero como muchos, que me quieren, no me decía nada por consideración hacia mi persona. Quería aclarar algunos fundamentos religiosos, en el sentido de saber si esta condición, es un impedimento para poder llegar a Dios. También, para sincerarme y decirles a quienes amo, como soy, y no seguir dando una imagen diferente.
Pienso que los valores de una persona, son muy aparte de lo que son sus deseos. Por otra parte el querer a alguien del mismo sexo, no puede ser esencialmente malo. Lo que sí me parece mal, es a sabiendas que uno es gay, tener una unión con una mujer, que luego traerá peores consecuencias. Está claro que una conducta promiscua en el campo sexual es totalmente negativa; pero ésta también se puede dar en parejas heterosexuales. La amistad y relación que se lleve de forma sana, en parejas de cualquier tipo, creo no es cuestionable.

Para mí fue difícil soportar la acusadora mirada de quienes alguna vez me vieron conversar en la calle con algún gay. Algunas personas se creen con derecho de juzgar a otros, y parecen tener lista la piedra en la mano, para arrojarla; pero muchas veces son ellos quienes tienen el criterio errado, creyendo poseer la verdad y creyéndose ser superiores; actuando en forma algunas veces mal intencionadas y, cuando menos, prejuiciosa.

A partir del año 2,000 conocí a varias personas con estas preferencias, y aunque no quiero describirlas ni mencionarlas por sus nombres, contaré que dialogué, con ellas sobre nuestras inquietudes y deseos; esto, lo realizamos generalmente vía E-mail o por Chat. El Internet, es una herramienta de mucha utilidad, por la disponibilidad de información que brinda, y, porque efectivamente, puede ser un vehículo de cultura y acercamiento entre las personas. Está en uno seleccionar lo conveniente de lo inconveniente; educarse o corromperse; y en ello reside lo bello de la libertad. Uno tiene para elegir, uno se hace responsable. Debemos procurar alimentar el alma con todo aquello que notemos nos nutre, con todo aquello que pueda servirnos en nuestra relación con los demás. Con todo lo bueno, y que nos haga bien.

Soy consciente de que el alma humana es muy compleja. Que tal vez no haya un alma buena o un alma mala. Tal vez, nos comportamos en forma diferente, según sea la ocasión que a cada uno le toque vivir. No se puede por ello juzgar a las personas, ya que cada uno tiene una escala de valores diferente, diseñada por sus circunstancias, y que le es muy particular. Lo que para mí es bueno tal vez para otro sea malo y así también a la inversa. Por ello debemos ser tolerantes con el pensamiento de los demás. Discrepo con los que se oponen siempre ante algo o contra alguien, y que sólo ven lo negativo. Con ellos prefiero no discutir. Son personas sesgadas y que tienen una visión respetable, pero que no tienen porque imponerla a los demás. Considero que la apertura a otros sistemas de pensamiento es buena, aunque no necesariamente debemos adoptar todo lo que se nos presenta ante nuestros ojos.

Comunicarme con alguien, con la palabra escrita, cuando hay un barrera, de por medio es una magia, lo cual me permite darme más, e ir conociendo a la persona poco a poco. Esto lo he comprobado estableciendo una nutrida correspondencia llena de afecto con algunas personas, dándonos a conocer con mucha sinceridad con el continuo conversar e interesarse por el otro; y así, la distancia, en vez de ser un obstáculo, fortalece y puede llegar, a crear lazos fuertes.

Me gustaría algún día poder atravesar la barrera del querer, al amar. Querer para mí es bastante. No a todos se les quiere, y tal vez a casi nadie, se le ama. El amar a alguien es algo más complejo e implica más allá de lo pasajero, momentáneo, e instantáneo. Uno ama intensamente y el riesgo es decepcionarse luego de la persona; o peor aún perder ese amor. Mejor es querer, como manteniendo un nivel estable y no el amar, que implica algo fuera de lo normal y más intenso, que puede llevar a un desengaño muy grande; por ello, no me gusta amar mucho a nadie, y esto, para no sentir luego, la carencia de la persona que se ama, como me sucedió con mi padre, cuya ausencia me golpeó demasiado y la cual, me costó mucho tiempo el superarla. El amar excesivo no es bueno. Tal vez querer y hacer el bien a alguien, ya es bastante. Creo que pocas personas pueden amar; y sobre todo soportar luego la falta de ese amor. Para mí, amar significa comprometerse incondicionalmente y siempre, cosa que no sé si lograré algún día con alguien, porque cuando veo que el amor daña, me aparto.

El estar cerca de alguien, despierta mucha expectativa, que muchas veces no se puede corresponder debidamente. Me gusta el hecho de poder conocer a las personas con el tiempo y no que la relación se de en una forma inmediata y abierta; porque de esta forma, en las más de las veces, hay malentendidos fruto del choque, la fricción o desconocimiento del otro. De las amplias y amenas conversaciones con personas gay, he visto, que muchas de ellas, poseen un gran sentido humano; y que como todo mortal, poseen muchas virtudes y defectos. Tienen también, casi siempre a cuestas, una experiencia dolorosa, pero como alguien me lo recalcó en una carta: "todos los golpes sirven para hacernos más fuertes".

En ocasiones, me he envuelto, con algún compañero en un mundo alucinante, delirante; donde cada gesto, cada caricia, cada toque ha sido un éxtasis que lleva a tocar el cielo y querer permanecer en él. Me agrada saber que puedo satisfacer plenamente a alguien, como un ser muy especial, un hombre pleno, igual a mí; que también me llena y sabe cómo hacerlo, con sus besos inmensos, de locura y sus caricias tiernas, como dándome valor de comprenderme a mi mismo, que me acompaña en los momentos intensos, donde los colores y matices se hacen claros, y en donde se puede percibir la sensualidad tan rica y tan viva que tenemos; en donde los ojos expresan mucho y me dicen que si se quiere, lo ansiado llega y hace permanezca en nuestro recuerdo; más allá del camino que tomemos luego, señalándonos aquello que está bien, lo que nos gusta, que permitimos y, de ésta manera, nos ayuda a conocer nuestros deseos más íntimos, escondidos, y que brotan a flor de piel, en su frío sudor o en mi intenso rubor, que me sacude; y que luego permanece en mí como aprisionándole, como acompañándome el resto de los días y que me hace anhelar su presencia, su locura, su juvenil presencia y su tierna inocencia; que no es tal sino una sabia comprensión del ser humano, de sus deseos íntimos, de lo que nos acompaña dentro y que a veces no exteriorizamos, por temor, pero que hay que ponerlo en su cabal sitio, porque es parte de nosotros mismos.

De estas personas, sólo quiero mencionar a una, una muy especial, que la conocí gracias a la casualidad, en el Chat; a ella le debo mucho de lo que hoy he conseguido en cuanto a una producción literaria constante; y a su ayuda para el conocimiento y aceptación de mí mismo. Me refiero al mejor chavo de Coahuila en México, mi amigo, Felipe de Jesús Rodríguez Lara. Con él nos escribimos desde marzo del año 2000, casi semanalmente, y estamos pendiente uno del otro. A él, como a nadie, le he confiado muchas de mis cosas y casi todos mis escritos.

No sería justo que no lo mencionara, porque en el corto tiempo que nos conocemos, ha despertado en mí un alma de poeta que ahora canta y sabe cantar a la vida. Ha despertado también, mis sentimientos y mi interés por ser y hacer feliz a alguien. Por ello le he dicho más de una vez que le quiero, que lo amo, porque vale y vale mucho, por su gran corazón y no dudé en nombrarlo como mi mejor amigo del año 2000, quien más se preocupó, con quien más conversé y quien más me entregó, su valioso tiempo, para compartir ideas, sentimientos y el conocimiento uno del otro.

Me parece que cada uno puede ser responsable dentro de su mundo y hacer de ese mundo un lugar digno para vivir y encontrar la felicidad, que no puede estar reservada para determinadas personas, con determinadas características. No quiero vivir siempre tras una cortina que me impida ver la luz. La sociedad nos obliga a cosas que nos atan sólo porque nosotros les hacemos caso. Tal vez creer en si mismo, en lo que uno hace, nos llevará a vivir más adecuadamente. Espero que con el tiempo pueda ser comprendido por mi familia, y amigos a quienes quiero mucho.

Hoy en día, aún me es difícil tener en mi entorno a personas que compartan mis mismos sentimientos, pero llegará el día en que lo haré con el convencimiento y fruto del conocimiento, del alma humana; y los que estén a mi alrededor, tendrán que aceptar mi opción, mi decisión; porque si no es así, sabré que no comprenden realmente o no están capacitados, a entender lo que es el deseo y libertad del otro y su felicidad; contra lo cual no podré hacer nada, tan sólo mi silencio, mi comprensión, mi amor.

Cuánto me gustaría llegar al día, en que la sociedad haya cambiado, y que se den cuenta, de que lo que ellos juzgan, es irrelevante para el otro, porque lo que se está poniendo en tela de juicio es un valor; y que sólo a uno mismo, le compete el apreciarlo, porque es fruto de su propia experiencia, de su ser. Es difícil hacer empatía con los demás; uno mismo a veces no la hace. Por ello no podemos exigir que todos tengan la capacidad de hacerla, y comprender este mundo, tan complejo, pero que a pesar de tantos problemas, siempre se encuentra algo lindo o alguien por quien luchar o sentir.

En la vida, casi todos pasamos por las mismas experiencias. Todos tuvimos alguna vez una caída. Nadie en la vida atraviesa un campo de rosas. La vida es de lucha y es de esfuerzo. La vida no te ofrece nada, si tú no se lo reclamas y luchas por ello. Todo es posible si uno se decide a lograrlo. Todo se logra, si se empieza y se toma la determinación de conseguirlo. Allí está lo importante, en fijarnos metas cuyos frutos trasciendan nuestras personas. Muchas veces me pregunté, para qué tanto trabajo y esfuerzo, si uno no ve una recompensa a futuro, recuerdo el día que renuncié a un puesto estable para dedicarme a realizar lo que más me gustaba: ser libre.

Hoy en día aún me escribo con Felipe y me gusta mucho, poder conversar con él porque puedo tener casi un confidente de todo aquello que me preocupa y de todo lo que deseo en éste mundo. Es casi la única persona a la que he confiado, casi la totalidad de mi vida, y es quien más conoce de mí.

La poesía, me ayuda, a resolver muchos problemas; con ella resuelvo mis sueños, mis fantasías, mi mundo interior. El saber que llego a otras mentes por medio de la difusión de mis poemas, me encanta, me anima; porque me doy cuenta que soy útil, y que muchas veces, le llevo esperanza a alguna persona desconocida. El anfiteatro del parque Kennedy en Miraflores, me sirve de tribuna una vez por semana los días viernes. Una sonrisa, un apretón de manos, un felicitación es el estímulo que me ayuda, semana a semana, a intentar ser mejor. En el 2002 también pude poner mis poemas en una página Web del Internet, cuya dirección ha cambiado a:

Vivir para los demás y regalarles un poco de mi sonrisa, es la clave actual de mi vida. Al compartir penas y alegrías, me hace más rico. Ya no sólo seré feliz por mis éxitos, sino también del éxito de los demás. Me volvería loco si pensara que soy un fracasado porque no logré esto o aquello, y ello no tendría sentido. Ahora comprendo que se puede ser feliz, al saber que alguien a quien tú quieres, logró algo.

Y así, tengo paz porque espero confiado el día de mañana. Tengo paz porque tengo alegría en mi corazón. La paz me ha transformado y con ella transformaré al mundo. Pero lograr y mantener la paz exige un sacrificio. Esto es conformarse con poco, con lo necesario. Conformarse con lo que se tiene. Exige renunciar a utilizar métodos inapropiados para lograr las cosas. Exige aceptar a los demás tal como son. Exige a uno mismo ser leal consigo mismo. No podemos engañar a los demás creando falsas expectativas. Debemos ser y tener un actuar ético. Para mí, la paz, es un valor o estado del ánimo muy importante. Sin ella todos nuestros esfuerzos son vanos. Sin ella no logramos conciliar el sueño. Sin ella no somos felices. Alcanzarla, toma su tiempo. Durante la juventud se producen muchas luchas y conflictos que nos perturban. Está en nosotros enfrentar apropiadamente éstas luchas. Nada debe entusiasmarnos demasiado; ni ninguna tristeza debe colmar nuestro corazón. Sé que hay golpes fuertes en la vida y a veces debemos convivir con ellos, con el dolor, que son etapas, que a todos nos tocará vivir.

domingo, 27 de septiembre de 2009

UNA NUEVA ERA

En el año 1980, reingresé a la Universidad pensando, que me serviría como terapia y alejar así, todos aquellos temores que se habían apoderado de mí. Enfrenté, el hecho de saber que muchas personas se habían enterado de cosas que pertenecían a mi intimidad y el hecho de haberme quedado rezagado en mis planes.

El 8 de agosto de 1981, se casó mi hermano Eduardo, con Patricia Suárez Clausen, en la capilla de la Iglesia de San Pedro, en el centro de Lima. Con el tiempo tuvieron cuatro hijos, llamados Juan Luis, Estefanía, Andrea y Silvana.

Patricia mi hermana, se casó en 1982, con Jorge Pérez Hidalgo, y tuvo dos niñas, llamadas Bárbara y Melissa; ellos, vivieron con nosotros un tiempo.


En octubre de 1982, empieza una nueva era para mí. Conseguí un empleo como cajero, en el Banco de Crédito en Lima. Estaba muy alegre y no podía ser para menos, después de tantos problemas, entrar al banco número uno del país, no era poca cosa. Allí estuve muy a gusto durante los primeros años, y logré compartir gratos momentos con buenas amistades, en una actividad seria y que exigía responsabilidad. La experiencia que tenía en caja, y la corta carrera universitaria me favorecieron para conseguir el empleo. Al ingresar al banco suspendí los estudios universitarios, pues era muy difícil para mí, hacer ambas cosas, más aún si recién salía de un tratamiento prolongado. La verdad, que el banco, absorbía todo mi tiempo, especialmente, cuando iniciamos un período de preparación, en la escuela de capacitación.

Al termino de ésta, se me asignó para trabajar como operador de teleproceso o más comúnmente, como cajero.Se respiraba un espíritu de competencia y se notaba cierta frescura en nuestro equipo, dada la juventud de muchos de mis compañeros. Nuestra sección era una de las más grandes, en la oficina principal de Lima, en Lampa. Aproximadamente unas 20 o 30 personas trabajábamos en un amplio recinto de atención al público. Habían 4 ó seis supervisores que controlaban a su vez a 4 cajeros cada uno. También teníamos a un Jefe de todos, el Sr. Cárdenas.

Al poco tiempo de ingresar fuimos testigos, que en el banco, la competencia y la lucha por lograr metas, llevó a algunos a utilizar métodos ilícitos para lograr sus fines. Aquí, yo viviría situaciones desconocidas para mí hasta entonces. El jefe de nuestra sección fue separado por descubrirse irregularidades. Comprometió a varios funcionarios del Banco, así como a varios cajeros, en cuyos terminales aprovechaba, para realizar operaciones no autorizadas. En la sección, fuimos investigados durante varios días. Para ello utilizaron métodos denigrantes, propios de una policía secreta en época de guerra, sin considerar que éramos jóvenes que hacía poco habíamos llegado a ésta institución.  A pesar de que salí bien librado de la investigación, quedé advertido de lo peligroso que es trabajar con dinero; más aún cuando se desconoce con quien se trabaja.

Sin embargo, en el Banco, también pase momentos de alegría y además me reportó muchas satisfacciones. A pesar de que no tenía un sueldo importante, me permitía tener ciertas comodidades. También realicé algunos viajes cortos, como a Huaraz con Lucho Palacios, done visitamos, la laguna de Yanganuco, El callejón de Huaylas y la ciudad de Yungay, desaparecida a consecuencia del aluvión ocasionado por el terremoto del año 1970. También conocí Caraz, Carhuaz, así como la Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato, ubicada justo en la unión de la cordillera Blanca y Negra en los Andes peruanos. La visita a la Hidroeléctrica fue posible gracias a la gestión de un funcionario de ELECTROPERÚ, quien era parte del grupo turístico en que viajábamos e intercedió para que nos dejasen pasar. En esos días el acoso terrorista empezaba a hacerse sentir y las empresas tomaban sus precauciones.

En la ciudad visitamos el museo y las ruinas aledañas. Tomamos también un tour que nos llevó a Chavín de Huántar. Quedé impresionado al ver el lanzón monolítico que allí se exhibía. El viaje a Chavín fue largo y el paisaje impresionante. Pasamos en el camino a orillas de una laguna muy bella y un paso arriba de los 4,000 metros de altura. Atravesamos para ello un túnel para descender a Chavín. Mi primera impresión fue encontrar un lugar muy pobre y muy poco cuidado. Pero al entrar a las cavernas de las ruinas sentí la sorpresa y admiración por la gente que había vivido allí. Las galerías tenían un adecuado sistema de ventilación y drenaje de agua. En este viaje me divertí y conocí mucho. Al regreso comimos truchas, en una casa rústica cerca de la laguna.

Años después, visité a Ricardo, hermano de mi mamá quien vivía en Huánuco. Viajé con Carlos Enrique Graziani, compañero de colegio. Fue la primera vez que subí a un avión. La nave era un Focker, que aterrizó en una pequeña pista. El aeropuerto era prácticamente una casa. Un taxi nos llevó a casa de mi tío. Allí visitamos la ciudad y las ruinas de Kotoch. No pudimos ubicar la representación de las Manos Cruzadas. El estado de conservación del complejo dejaba mucho que desear. Fuímos a pie; pero al regreso conseguimos ser transportados a casa en una camioneta. Viajamos con mi primo Moisés a Tingo María. El trayecto es muy bello. Se puede apreciar como cambia la vegetación de un sitio semi árido, que es Huanuco, a la vegetación propia de la selva. La carretera marginal estaba muy buena, aunque había tramos en mantenimiento. Al margen de ella se veían árboles muy altos que serpenteaban un río. Cuando llegamos a Tingo visitamos el Hotel de Turistas. Al poco tiempo empezaba una llovizna. Al rato se desató una lluvia impresionante. El taxi que nos llevaría de regreso fue tomado por otra persona. Su chofer, al vernos, y sabiendo que nos había ofrecido retornarnos, nos ayudó a conseguir otro carro. En la carretera no se podía ver casi nada por la lluvia. Parecía que una cortina de agua iba delante del automóvil. La lluvia duró casi todo el trayecto. No pudimos conocer la Cueva de las Lechuzas, pero sí vimos la Dama o bella durmiente, dibujada en los cerros, al pie de la ciudad. El pueblo de Tingo María es pequeño. Basta caminar pocas cuadras para recorrerlo. En una tienda nos ofrecieron cabezas reducidas, cosa que desde luego no aceptamos.


Eran tiempos, de fiesta, diversión y osadía. Por ejemplo, luego del matrimonio del hermano de Javier Cossío, salimos el grupo de los siete, en dos carros, siguiendo al carro de los novios para gastarles una broma; luego de un rato, los perdimos de vista. Al poco tiempo, contactamos un grupo de chicas que iban en su automóvil. Luego de una breve conversación, de carro a carro, acordamos ir con ellas a una discoteca. Cuando nos dirigíamos por la avenida Arequipa cerca de ellas, otro grupo de muchachos, menores a nosotros, empezaron a fastidiar a las muchachas que nos seguían. Al acercarse a nosotros, desde su carro nos dijeron algo, y sin mucho diálogo, Javier les lanzó un escupitajo, que le cayó en la cara a uno de ellos, poniéndose furiosos y retándonos a una pelea. A pesar del estado, en que nos encontrábamos, y más bien debido a ello aceptamos, sin advertir que venía más gente, en otro automóvil, por lo que en ese momento, nos superaban en número. Esta es la única pelea campal en la que he tenido parte en mi vida y de la que salí con un golpe en la cabeza por una patada que recibí de alguien. Quedé atontado, tendido en el suelo, donde recibí algunos golpes más, hasta que Alfredo los persuadió para que allí terminase todo. Minutos después, fuimos a la discoteca con las chicas. El día lunes fui a trabajar con algunas magulladuras contando el episodio despreocupadamente.


En el año 1985 viaje con Gustavo al Cuzco. Lo hicimos primero en ómnibus hasta llegar a la ciudad de Arequipa. Permanecimos allí los días de fiestas patrias 28 y 29 de julio. Dos cosas que me impresionaron mucho fueron el calor que había en esos días la ciudad y que casi llegó a los 30 grados; y la escasa cantidad de personas que se veía en las calles. Pudimos conocer el volcán Misti y otros sitios cercanos. Visitamos el convento de Santa Catalina y algunos templos. Recorrimos la campiña y almorzamos en un sitio campestre y estuvimos alojados en el hostal llamado "la Casa de mi Abuela".


Viajamos por tren hasta Puno. Recorrimos el lago Titicaca en un bote a motor. Luego de casi una hora de navegar llegamos a la isla de los Uros. Compramos artesanía bordada por ellos. En la ciudad visitamos Sillustani y observamos las Chulpas, o tumbas funerarias que allí se conservan. Pude ver un reptil dibujado en una de las piedras que captó mi atención. En Puno pasamos dos noches. El primer día estuvimos alojados en el Hotel Internacional y luego pasamos al hotel El Ferrocarril, para estar más cerca de la estación del tren.


En la mañana partimos hacia el Cuzco, también en tren. Recorrimos el valle del Urubamba. Pasamos por Sicuani donde compré alguna artesanía. En el valle nos señalaron la naciente del río. Vimos como crece su caudal a medida que se desciende al Cuzco. Aquí pasamos aproximadamente 6 días. Para conocer algunos puntos de la ciudad y sus alrededores, tomamos tours cortos y recorrimos muchos sitios. En un primer tour visitamos la fortaleza de Sacsayhuamán, Puca-Pucara, Quenco. Nos internamos en el valle sagrado de los incas para conocer Ollantaytambo, las andenerías en Pisac, y otras ciudades cercanas como típicas Chincheros. Un segundo tour fue necesario para conocer Pikillacta, y la iglesia de Andahuaylillas. En ese viaje pude comprobar lo mal que están custodiadas las riquezas de las iglesias. Tal como me lo había dicho una amiga cuzqueña, cuando estudiaba en el británico, en Lima, sólo era necesario darle una pequeña propina al guardián para que abriera la custodia de la Iglesia y nos muestre sus valores.


Hablar de la ciudadela de Macchu Picchu, en el Cuzco, es algo muy emocionante, y para describirla puede ser insuficiente lo descrito con palabras. Es impresionante la majestuosidad del lugar y cuando uno llega, poco a poco se apodera de uno un sentimiento de admiración, tanto por su belleza como por lo imponente de su realización. Para acceder a ella, hicimos el recorrido en tren, desde la ciudad del Cuzco. En la localidad, subimos en los ómnibus que se encontraban dispuestos en la estación para tal fin. Tomé muchas fotos embelesado por su belleza. Fue en un día nublado, y esto le daba un aspecto místico, espiritual. Para mí el lugar posee algo mágico y que inspira respeto. Es increíble lo inaccesible del lugar y la ubicación estratégica donde fue construido. De alguna manera, fue hecho así, para dar protección a los que allí se encontraban, en tiempo de la conquista hecha por los españoles. Estuvimos pocas horas en el lugar y almorzamos en el Hotel de Turistas. Creo que no fue suficiente un día para recorrerla totalmente; pero sí para comprender la grandeza del Imperio de los Incas y la importancia del pueblo que edificó tan grande monumento, ahora patrimonio de la humanidad y maravilla del mundo.


Pasó el tiempo, y considerando la desfavorable y riesgosa situación laboral, hice todo lo necesario para ubicarme en otra sección. César Roca, que era ahora, mi nuevo jefe en Caja, me advirtió de la responsabilidad de ése puesto y de los problemas que me sobrevendrían. A pesar de ello, decidí continuar con mis gestiones para el cambio. Obtuve una cita ante la Gerencia con el señor Muñoz. Al entrevistarme, me habló en el mismo sentido que lo había hecho César; le dije que me sentía capaz de ejercer el nuevo puesto. Luego de un tiempo, ante la necesidad de personal en la División de Bolsa y Cambios del Banco, autorizaron mi traslado, a la que se consideraba la mejor sección, especialmente en cuanto a compensaciones económicas se refería.


Luego de una entrevista, con el Sub Gerente del Área, el señor Walter Bolarte, fui asignado a una tediosa y sacrificada labor en la bóveda, lugar donde llevamos a cabo la mecanización y sistematización de los valores y títulos del Banco, compartiendo ésta labor con Bruno Alessi, Carlos de Trazegnies, Ronald Yankke, Virgilio Wong: También participaron, otros empleados de la sección Valores, con quienes compartimos el trabajo. Nuestra labor era clasificar títulos, contar bonos y realizar operaciones manuales de suma y verificación. Las condiciones del trabajo eran poco agradables. La bóveda era fría y tenía poca ventilación. Era muy distante de lo que había imaginado. Además de ello, la situación económica empeoraba cada día en el país. Eran los años 1986, 1987, y ante la crisis que ya imperaba por el desgobierno aprista, decidí dejar de fumar.

Pronto nos dimos cuenta, que el trabajo en la bóveda, era un lugar de castigo para todo aquel que se enemistaba con el Gerente Ferrogiaro. Virgilio Wong, no llegó a ver el trabajo concluido pues murió de cáncer poco tiempo después. La señora Estela, secretaria del Gerente, también falleció en esos días. Toda la sección, sabía de las imprecaciones y malos tratos que ella recibía. La señora Estela, sin embargo, era una persona muy noble y distinguida, porque supo hacer oídos sordos ante sus palabras. Definitivamente alrededor del Gerente había un mal aura que se sentía como una sombra. Hacía poco tiempo que Enrique García, había salido de la sección humillado por Ferrogiaro y murió en un accidente. A Enrique lo conocí justo antes de mi cambio en la sección Caja, donde fue trasladado. El trató de desanimarme, respecto a mi solicitud de cambio. Luego comprendería, que éste señor gerente, era una mala estrella para todo aquel que se cruzaba en su camino. Logré evitar convertirme en la siguiente víctima, de esta racha de malos augurios; pero no pude evitar perder el equilibrio emocional. Estar cerca a él, se hacía intolerable; y el temor del que era presa toda la sección era evidente. Esto lo percibí apenas ingresé, y aunque lo subestime, creyendo que no me alcanzaría ésta mala vibra, se apoderó de mí el temor en grado extremo, y ésto, a pesar de que nunca tuve un entredicho con él. El maltrato psicológico del que hacía uso generalmente, generó en mí un sentimiento de impotencia, temor y desánimo.


Recaí en mi enfermedad después de cinco años y fui internado en la clínica San Isidro, especializada en ese entonces en tratamiento psiquiátrico, la cual tenía convenio con el Seguro Social. Allí pude apreciar el maltrato de su personal hacia el paciente que se atendía. Recuerdo el día que llegué y de cómo me envolví, en una pelea con varios enfermeros, quienes luego de ello, me sedaron por muchas horas, para hacer la cura del sueño. Observé también cómo muchas veces provocaban al paciente, mediante la inadecuada administración y suministro de las medicinas, con lo cual lograban su empeoramiento o estancamiento. A éstas clínicas, por su convenio con el seguro, les convenía retener a los pacientes para lograr mayores ingresos. Estuve internado algo más de dos meses, tiempo durante el cual tuve licencia por enfermedad en el Banco. Esto constituye un triste recuerdo para mí y estoy seguro, para muchos de los que tuvieron que atenderse aquí.


Retorné nuevamente a la bóveda de valores, pero pronto me di cuenta que éste lugar ya no lo podía tolerar, y aprovechando mi convalecencia pedí ser cambiado de puesto dentro de la misma sección, a lo que accedieron. La nueva labor era más tranquila, pero me encontraba, más cerca del gerente, lo que era un verdadero peligro; además, continuaba en una labor rutinaria, tediosa. Ocupábamos un área del tercer piso del local situado en la calle Lampa. Como dice el refrán "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", se cumplió con éste señor de apellido italiano, y se fue al extranjero, para no volverlo a ver más. El ruego silencioso de muchos de la sección se cumplió. En su reemplazo se sucedieron hasta dos gerentes, Federico Muhletaller y Reynaldo Chiarella. Y como era de suponer, la atmósfera interna, mejoró casi de inmediato.


En el país se vivían momentos intensos; el presidente en ejercicio del Perú, Alan García, pretendía estatizar la Banca. La mejor salida que encontraron los accionistas del Banco, fue transferir sus acciones a los trabajadores, para lo cual, firmamos documentos, para la compra de un determinado número de acciones.


En los años siguientes el malestar de la población se generalizó. A la inflación galopante y sideral, se sucede, la escasez de productos y colas por conseguirlos, la especulación en la comercialización de muchos bienes, el caos en el transporte colapsado por la falta de unidades nuevas de reemplazo, las huelgas, los cortes de agua y luz casi todos los días. Todo generó un clima donde la violencia aumentaba cada vez más y tuvo su máxima expresión con la aparición del terrorismo salvaje, con su secuela de destrucción y muerte. En ese entonces, parecía que estábamos viviendo los tiempos de las plagas bíblicas, y el malestar era generalizado. En cada esquina se sentía inseguridad y tensión. Los vendedores ambulantes se habían apoderado literalmente de las calles. Los atentados terroristas eran numerosos. Los que íbamos al centro de Lima, padecíamos un verdadero martirio.


En ese contexto, a mediados de 1988, la División de Negocios Empresariales, se trasladó a la nueva Sede Central, en la Molina. Para facilitar la llegada puntual de los trabajadores, el Banco dispuso varios ómnibus, que nos recogían a lo largo de la avenida Javier Prado, y que por motivos de seguridad, se les retiró al poco tiempo, el logotipo del Banco. Un año más tarde, se celebró el Centenario del Banco de Crédito con una gran fiesta y se otorgó algunos incentivos a los empleados, además de algunos recuerdos, tales como una medalla conmemorativa.


Iniciado el gobierno del nuevo presidente de la República ingeniero Alberto Fujimori en 1990, se produjo un ajuste económico denominado "Fujishock", que generó desconcierto entre la población del país porque en su campaña dijo que no lo haría. El Banco reajustó inmediatamente los sueldos de sus empleados. De igual manera, se habían dado algunas reformas legales que modificaban el uso de divisas y la transferencia de acciones. Desde ese momento los empleados podíamos negociar en Bolsa nuestros certificados de acciones.


El Banco ejerció presión indirecta para la recompra de acciones en poder de los empleados y adoptó como política de personal, mantener bajos nuestros sueldos para así obligarnos a venderlas. En poco tiempo, el control del Banco fue retomado por los antiguos accionistas.


El 5 de abril de 1992, el presidente Fujimori decide autoritariamente disolver el Congreso con el apoyo de la cúpula militar. De esta manera comienza a concentrar el poder y debilita la democracia. Se inicia la lucha de la oposición como respuesta al proyecto autoritario. El discurso político se encontraba muy caldeado. Dos personas se auto proclaman como presidentes: el presidente del Congreso cesado, Ramírez del Villar; y Luego San Román, vicepresidente de la República. Sin embargo el respaldo internacional indirecto consolidó poco a poco el régimen.


Casi en esta misma fecha, decidí renunciar al cargo en el Banco por voluntad propia, cumpliendo un deseo postergado por varios años. Considero que fui incapaz de sobrellevar la vida agitada de la sociedad y la natural presión del trabajo. Ahora, fuera del trabajo tenía más tiempo para dedicarme a la compañía y atención de la enfermedad de mi madre, que me preocupaba. Me dediqué en casa a labores del hogar. Por otra parte, sentí que había perdido algo importante, tanto por la seguridad económica, como por la protección de la seguridad social contra accidentes y enfermedades.